

Lima 13 de Enero de 2009.- En el colmo de la sinvergüencería, los ex trabajadores del Colegio de Contadores Públicos de Lima que apoyaron a la ilegal decana Elsa Rosario Ugarte Vásquez -traicionando los principios éticos y el reglamento de la institución- ahora quieren volver al mismo centro de labores que hace un año abandonaron, luego de saber que el CPC Luís Alberto Latínez Carpio fue reconocido como Decano por todas las instancias judiciales y administrativas. Estos trabajadores conocían más que otros que la elección de Ugarte Vásquez era ilegal, pero se dejaron seducir por el ofrecimiento de dinero. Se llevaron información y objetos de la institución, dañaron el sistema de cómputo y dejaron al Colegio sin personal para atender a los miembros de la Orden.
¿Acaso no se acuerdan de las cartas notariales que los invitaba a reincorporarse a su centro de labor? Algunos señalaron que “les habían dado vacaciones pagadas”; se comprometieron con volver al trabajo para no detener la marcha institucional; sin embargo, no cumplieron. Sólo les importó ganar un sueldo sin trabajar, porque desde esa fecha se dedicaron a distribuir volantes y panfletos contra las nuevas autoridades, así como a boicotear el trabajo administrativo. La marcha institucional del Colegio no les importó. A ellos debemos recordar que los trabajadores no se deben a personas, sino a sus instituciones. Las personas pasan, la institución permanece.
Cabe recordar que el 20 de enero de 2008 -a 48 horas de haber ingresado la nueva Junta Directiva 2007-2009 que preside el Decano CPC Luís Alberto Latínez Carpio- un grupo de trabajadores volvió a la institución a reclamar sus efectos personales. A todos se les entregó sus pertenencias y hasta su dinero en efectivo. Tal es el caso del trabajador Floro Portugal quien subió hasta el piso 8, ingresó a su área de labores y, tras constatar que todo estaba en orden, recogió su dinero (S/. 2,352 nuevos soles). En ese momento, las malas lenguas decían que los nuevos trabajadores saquearon el colegio, que robaron dinero, computadoras y cajas fuertes, así como que rompieron puertas y ventanas.
George Bernard Shaw escribió: “Todas las grandes verdades comienzan como blasfemias”. Después de tantas calumnias, infamias y triquiñuelas legales -organizadas por el grupo de la corrupción encarnado por Pedro Ramírez Rossel, Max Pinedo, Elsa Rosario Ugarte, Virgilio Espinoza Herrera, Susana Sardon, Patricia Espinoza Romero (hija de Virgilio Espinoza), entre otros- la verdad de esa frase puede aplicarse ahora, cuando el tiempo le da la razón al Decano Luís A. Latínez. Él goza de la representatividad legal del colegio y, sobre todo, del respaldo de los miles de colegiados que siempre estuvieron postergados y a los cuales ni el dinero mal utilizado en campañas de desprestigio les hizo perder la fe en quienes siempre han tenido la razón y a quienes el derecho los asiste.
Nos preguntamos cuántas cosas en bien del contador pudieron haberse hecho con los cuatro millones de nuevos soles gastados impune e ilegalmente por la dupla formada por Ramírez Rossel y Elsa Rosario Ugarte. Sólo ellos se han beneficiado. Virgilio Espinoza Herrera, por ejemplo, reconocido como “el poder tras la mujer”, conseguía auditorias en la Contraloría para su beneficio y el de la gente de su entorno, como Elsa Rosario Ugarte quien se hizo Perito Judicial.
Ahora, después de que, el 19 de diciembre de 2008, la SUNAT reconociera al Decano C.P.C. Luís Alberto Latínez Carpio como Representante Legal del Colegio de Contadores Públicos de Lima -a partir del 1 de octubre de 2007- y que la web ccpl.org.pe fuera suspendida por no representar los reales intereses de los colegiados y ser el desagüe de toda la mafia que desde hace 20 años gobernó el colegio, esos ex trabajadores -bajo la fachada de un sindicato- quieren victimizarse con la pretensión de recobrar los derechos a los que ellos mismos renunciaron, tras abandonar el colegio cuando más se los requería.
A pesar de la repudiable actitud de los trabajadores y las múltiples zancadillas de la mafia (como malograr el sistema de computo, corte de agua, corte de luz, corte del Internet, cierre del local institucional, etc.), un puñado de nuevos trabajadores pudo echar andar el colegio, partiendo de la nada, en busca del cambio prometido y darle a la institución un rostro humano en beneficio de los contadores. Los ex trabajadores continúan percibiendo ingresos, alentados por el grupo de poder que hizo del colegio su medio de vida, y pretende volver al status que tuvieron antes del 18 de enero de 2008. Actualmente se dedican a pintar las paredes, volantear y agitar banderolas, en contra de la institución. Sólo unos cuantos han tenido la decencia de acercarse y hacer un mea culpa respecto de lo que hicieron y dejaron de hacer en la institución.
La comunidad contable está notificada de cómo la mafia (que estuvo enquistada en el colegio desde hace 20 años), al verse perdida, utilizará a estos ex trabajadores para continuar generando malestar y entorpecer el normal desarrollo de las actividades institucionales. La intención será distraer la atención de los Miembros de la Orden; sin embargo, esto no será obstáculo para exigirles que devuelvan, hasta con su patrimonio, todo lo ilegalmente gastado, dinero que no fue suyo sino de todos los contadores.